
Hablábamos de la felicidad... de la relatividad de ese concepto, pero sobretodo, de la dificultad en determinados momentos de pasar página.. de continuar con la historia, hacia delante.... porque el camino es siempre hacía delante. Si es hacía atrás no es camino, es una calle.
Hablábamos de su dificultad para recordar un solo instante en su existencia que le hiciera ver que su vida había valido la pena... que valía la pena.... que era digna. Digna de él, digna de ser una vida, no solo un transcurrir.
Hablábamos de un pasado pesado, de un no fluir, de un arrastrarse, cuando le he preguntado si es que acaso no había ni un sólo instánte en su recuerdoteca de esos que nos flashean y de repente nos hacen pensar un "sólo por haber vivido esto todo lo que he vivido/pasado hasta hoy ha tenido sentido".... Le he dejado pensando... recordando, y se ha llenado mi cabeza de estos momentos... la mayoría asociados a lugares, a personas.... de esos besos robados que te endulzan el vivir, del síndrome de Stendhal no necesariamente asociado a Florencia, ni a Venecia, ni a un Alma Tadema, ni a un Waterhouse... sino asociado a un cielo (al óleo, o no...) , a un silencio, a un baile, con o sin música... a una música, con o sin baile... a un reencuentro, a un encuentro o a un logro.
Ha terminado la sesión. Yo había hecho mis deberes, y él... él se ha ido sonriendo. Su recuerdoteca ha empezado de nuevo a funcionar.
¿Y tus instántes? ¿Cuáles son?