jueves, agosto 03, 2006

LLAMADAS OPORTUNAS


Entras por la puerta de tu casa. Solo han sido 8 días, 7 noches, las que has estado fuera... pero los viajes por trabajo es lo que tienen, que condensan sensaciones. Te parece haber estado fuera una eternidad. Has hablado con tanta gente... Has escuchado tantas historias... que no piensas que tanto saber, que tanto conocer, quepa en una semana... ¿Qué cabe en el tiempo? ¿Cuantas palabras caben en un minuto? ¿cuantos silencios? ¿?....

Entras. Todo en orden. Todo en silencio. Las sirenas siguen pasando a toda velocidad por debajo de tu ventana. Da igual que sea agosto. Los ladrones, los fuegos, las urgencias.. no entienden de fechas. Pero está todo en silencio. Silencio. Entras. El sofá. Gran invento. Tus libros. Tus fotografías.

Continuas por el pasillo. Llegas a tu cuarto. Tu cama. Mejor invento. Tus mesillas llenas de cosas inservibles de un gran valor (personal)... Mas libros y más fotografías. Todo esta en orden. Todo en silencio... Te preguntas como serían las cosas si al llegar, la cena estuviera preparada, las luces encendidas, y alguien te preguntara... ¿Cómo fue?

Y aun en silencio, a oscuras, alguien te siente y te presiente desde muy lejos... Te escucha desde su centro y desde dentro, desde una isla, y decide llamarte. Decide llamarte precisamente en el instante en que lo que necesitas es escuchar a un amigo. ¿J, Cómo estás? ¿En qué andas?.... Él no lee mi diario, ni sabe por donde paro, ni mucho menos por donde ando... Me estaba acordando de tí, cuéntame! Y nos contamos. Desde una playa y desde una cama. Nos ponemos al día, tanto tiempo. Te escucho y solo escucho alegría, me dice. Te escucho y solo siento felicidad... le reconozco.

Porque eso es un amigo... una amiga. Áquel/la de la que no sabes en añares, en puñados de días, a ese o a esa que echaste de menos, pero que está. Que siempre está. Puede que anoche no tuviera la cena preparada, ni la luz encencida... pero lo que tuve es, simplemente, el regalo.
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Ahora, ya es de día. Un mes de agosto lleno de gente. Entra en casa el ruido ajeno... ese que yo no hago, ese que los demás provocan en su transcurrir... Devendra Banhart me acompaña metido en una caja del color del metal. Los dedos sienten cosquillas. Estoy inquieta.

Me entran ganas de llamarte. A tí, con quien hace mucho que no hablo. A tí, que no conozco, pero que agradezco todas y cada una de tus palabras, de tus visitas.

¿Crees que será una llamada oportuna?
¿O crees que las llamadas oportunas solo se hacen por la noche, desde el silencio?

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguramente esta sea la comunicación que más me ha gustado..

..la más personal..

..las visitas a tu blog empiezan a parecerse a la costumbre de regar las macetas al atardecer, o mirar un poco la ciudad antes de acostarse..

Anónimo dijo...

No mires la clepsidra con alas membranosas,
ni la dura guadaña de las alegorías.
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire,
frente a la mar poblada con barcos y marinos.

Anónimo dijo...

Las plantas se riegan al atardecer,pero si llueve...

Tot dijo...

¿Qué pasa, rojo, si llueve cuando las plantas ya han sido regadas?

Gracias, anónimo(s).

Anónimo dijo...

Si llueve antes del atardecer no se regarán.Si llueve después tendrán más agua.

Anónimo dijo...

La hora violeta,ventanas al atardecer.Abiertas a la arena.Y a la cal.
Delante,Opportunitas,Le Toi Ile.

arena dijo...

Llamadas... hilos de voz confundidos en la distancia... sin duda no se trata de cuándo llamas, sino de a quién llamas y por qué, aunque a veces, no haya un motivo concreto. Besos.